Por Luis Felipe Sexto
Lo ideal sería que siempre y en todo momento pudiéramos sentir orgullo de aquello que consideramos la efectividad de nuestro trabajo, o quizás el efecto de nuestro trabajo junto al de otros. Lo real es que en una cantidad nada estimulante de casos nos encontramos en situaciones de deterioro avanzado en los activos de nuestras organizaciones —o están creadas todas las condiciones para asegurar su degradación e inutilización prematura. La degradación llama a la desidia y al círculo vicioso. El desinterés se alimenta con los bajos resultados y el deterioro continua su paso inexorable favorecido por la desesperanza y la desmotivación justificable o no. Algunas veces hay quien se indigna e insta a la acción, pero en muchos casos la inercia prevalece sobre las fuerzas que de buena fe o infantilmente creen poder revertir la situación a nivel personal.
